
Dicen que a cierta edad, las mujeres nos hacemos invisibles...., que nuestro protagonismo en la escena de la vida, declina.....
Yo no sé, si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable..., pero nunca fui tan consiente de mi existencia como ahora; nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfrute tanto de cada momento de mi vida.
Descubrí que no soy una princesa de cuentos de hadas; descubrí al ser humano que sencillamente soy; con sus miserias y sus grandezas.
Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás; y, a pesar de ello..., quererme mucho.
Cuando me miro al espejo, ya no busco a la que fui en el pasado...., sonrío a la que soy hoy...., me alegro del camino andado y asumo mis contradicciones.
Siento que debo saludar a la joven que fui, con cariño, pero dejarla a un lado; porque ahora me estorba...; su mundo de ilusiones y fantasías ya no me interesan.
¡¡Qué bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños!!
La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil, que cuando una comienza a aprenderlo ya hay que morirse.
El ser humano tarda mucho en madurar. TENER - RETENER.
Las realidades más grandes y más bellas las tendremos cuando menos poseamos y retengamos.
Si queremos tener el mar, contemplémoslo, abramos nuestras manos en sus aguas y todo el mar estará en ellas. Porque si cerramos nuestras manos para retenerlo, se quedarán vacías.
Si queremos tener el viento, extendamos nuestros brazos, abramos nuestras manos y todo el viento será nuestro..., porque si quisiéramos retenerlo, nos quedaremos sin nada.
Si queremos tener a nuestros hijos junto a nosotros, debemos dejarlos crecer y luego dejarlos partir para que se alejen..., lo tendremos maduro a su regreso, porque si lo retenemos poseído, lo perderemos para siempre.
Si queremos tener el sol y gozar de su luz maravillosa, abramos nuestros ojos y comtemplémoslo..., porque si los cerramos para retener la luz que ya alcanzamos, nos quedaremos a oscuras.
Si queremos vivir el gozo de TENER, debemos liberarnos de la manía de POSEER y RETENER.
Debemos gozar de la mariposa que revolotea, gozar del río que corre huidizo, gozar de la flor que se abre cara al cielo, gozar teniendo todo, sin poseerlo y sin retenerlo.
Sólo así gozaremos de la vida, sabiendo que la tenemos sin poseerla y dejándola correr sin retenerla.
